minientrada La música clásica es supremacismo blanco: sustituirla por POP y RAP, el progreso

Resulta indiscutible afirmar que la actualidad es el resultado de nuestros éxitos y errores. Sin embargo, a día de hoy todavía quedaría mucho por construir en pro de una Sociedad ejemplar, avanzada y que vele por el bien de la ciudadanía. Con la llegada de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias al poder, España ha comenzado a remodelar su sistema educacional tanto a nivel académico como en la escala de valores, siendo la Agenda 2030 el símbolo y la nueva promesa de un futuro no muy lejano que va tomando fuerza gracias a la labor de las nuevas generaciones.

Estos años el feminismo originó incontables polémicas por su estrecha relación con la ideología de género -el cual a su vez englobaba el colectivo LGTB- y dividió a la población en dos bandos: a favor y en contra de disputas como la implementación o no del Pin Parental, o el apoyo o rechazo hacia Beatriz Gimeno, la actual ex directora del Instituto de ‘las Mujeres’ -cuyo trabajo suscitó “mucho orgullo” a Irene Montero según declaraciones-. Pertenecientes así a un colectivo que, a ojos del Gobierno, es vulnerable y siempre víctima de este sistema, la racialización también dotó de fuerza a un gran número de activistas contra la acción blanca; George Floyd (quien sería un mártir de la brutalidad policial) y Trayvon Martin (cuyo asesinato habría sido fruto de un ensañamiento injustificado) dieron más repercusión al movimiento ‘Black Lives Matter’ y con ello al deseo de conciencia por parte de los blancos de hacerse a un lado e implorar disculpas por su papel como opresor en el día a día

LA EDUCACIÓN COMO NÚCLEO DE ESTE CAMBIO MUNDIAL

Si actualmente se considera motivo de supervivencia ser mujer o ser no blanco, el conjunto de ambos llama a la imperiosa necesidad de generar hasta dos objetivos relacionados en el crítico Plan de Acción 2030, atendiendo a los números 5 (igualdad de género) y 10 (reducción de desigualdades) y concentrándose en un tercer punto como es el número 4 (educación de calidad). Así, la educación escolar sería uno de los comienzos para esa nueva reprogramación, inculcando como discrepante y revolucionario apostar por algo que precisamente tiene fuerza gracias a un sistema con peso a nivel mundial. 

Esther Mayoko Ortega, historiadora, doctora en filosofía de la ciencia y profesora universitaria española, de origen ndowé (definida también como “activista feminista, lesbiana y antirracista”) se pronuncia al respecto insistiendo en lo necesario que es trabajar en la visibilización disidente: “En esos años de universidad, en los que aprendíamos colectivamente a través de los talleres y seminarios que nosotras mismas organizábamos, también empecé a interesarme por las figuras no blancas en esa historia de las mujeres” (Feminismos, miradas desde la diversidad, artículo ‘Negra, sí, negra soy’). Agrega al final: “En definitiva, el afrofeminismo es un movimiento que ha tomado un gran impulso en los últimos cinco años en el estado español. Es rico y heterogéneo, mira orgulloso hacia adelante pero es muy consciente de lo fundamental que es para la comunidad no olvidar el legado de nuestras ‘ancestras’ y ancestros”.

El cine y espectáculo son un eslabón para la normalización de esa ‘sustitución étnica’, término ridiculizado al ser asignado despectivamente a gente ‘de ultraderecha’ o ‘conspiranóica’: lo políticamente correcto habría cruzado lo impensable para incluso los espectadores que se autodefinen ‘progresistas’. Un ejemplo se encuentra con la nueva representación de Ana Bolena, pues mucha gente no entendía que para representar a alguien “que la historia ha dejado de lado” por “su voz ambiciosa en beneficio de los hombres que la derribaron” deba ser teñida de negro en un intento de arrojar “luz feminista” para desafiar “todas las convenciones de lo que pensamos sobre quién era Ana Bolena”. Pero es algo que sucede y está orquestado desde la pequeña y gran pantalla: el acrónimo BAME («negros, asiáticos y grupos étnicos minoritarios») se ha tornado lo suficientemente fuerte como para figurar en más series o películas, fortalecido por artículos de investigación que estudian el ‘ilusorio blanqueamiento de lo español’.

LA MÚSICA CLÁSICA RECORDARÍA A LA ÉPOCA ESCLAVISTA

Ahora es el turno de la música: los estudios universitarios también se verían obligados a cambiar para “mantener un currículum diverso y actualizado”, medida prioritaria de Oxford por encima de todas las cosas según destaca un grupo de profesores que pretende “descolonizar el plan de estudios de la universidad”. Catalogada pues de opresora, impartir música clásica estaría siendo generado por academias que se jacten de su “complicidad con la supremacía blanca”. No son pocos los profesores que han insistido en que el plan de estudios actual, al abarcar obras de compositores como Mozart y Beethoven “se centra demasiado en la «música blanca europea de la época del esclavismo»”. Las partituras de esta música causan «gran angustia a los estudiantes de color», y gracias a la influencia del movimiento ‘Black Lives Metter’ se subraya que su enseñanza “no se había desprendido de su conexión con su pasado colonial» y que mantenerla sería como «una bofetada en la cara» para algunos estudiantes.

Se plantea, como solución igualitaria, sustituir el estudio “de composiciones de Machaut o Schubert” por el de ‘músicas africanas’ y ‘globales’, proponiendo así un nuevo enfoque de la música pop. También apuntan que «la gran mayoría de los profesores de técnica son hombres blancos», y por lo tanto incapacitados para impartir esas asignaturas nuevas, además de representar la falta de igualdad en instituciones de élite. Los docentes proponen rebautizar los temas clásicos dentro de la asignatura ‘Introducción a los Estudios Socioculturales e Históricos’ y redirigir, como un primer paso, la instrucción artística al género del hip hop y el jazz puesto que proporcionan temas de estudio «no eurocéntricos». Como ejemplo, un nuevo enfoque de música pop permitiría estudiar “qué artistas han exigido al expresidente de EEUU, Donald Trump, que deje de usar sus canciones”. 

El movimiento se demuestra andando, dice el refrán, y a estas acciones le preceden el derrumbe de estatuas por parte de las protestas antirracistas. También la censura: a principios de este año, uno de los ‘colleges’ que forman la Universidad de Oxford retiró el nombre de un comerciante de esclavos del siglo XVIII de su biblioteca principal.

Estas controvertidas acciones han contrariado a otros expertos. Miembros de la Universidad argumentaron que era “injusto acusar a quienes enseñaban música antes de 1900 de estar preocupados sólo por los blancos”. Además, difieren en el uso del término ‘Western Art Music’ (‘Música Occidental’), un concepto que pretende ser más inclusivo que «clásico», al reconocer las tradiciones de otras culturas. 

De estar reescribiéndose la historia como muchos denuncian, ¿se estaría censurando permisivamente otros datos de igual relevancia?