minientrada Satanocracia: la destrucción del Viejo Orden Cristiano – Reseña

José Antonio BIELSA ARBIOL, Satanocracia, la destrucción del Viejo Orden Cristiano, La Rioja, Letras Inquietas, Colección San Agatón, 2020, 156 págs. ISBN: 979-86-7297-984-7.

Don José Antonio Bielsa, natural de Teruel, es un distinguido erudito instruido principalmente en materias filosóficas y de Historia del Arte. Crítico de cine y literario, ha hablado en numerosas ocasiones sobre el Nuevo Orden Mundial desde un contexto político-social, recibiendo así sus artículos y entrevistas radiofónicas una gran acogida por parte de un público muy variado y de intenciones divulgativas. Autor de otras publicaciones, siendo más de una Bestseller, sus obras literarias se construyen principalmente en una base ensayística o articulista, primando una rigurosa investigación en los datos presentados.

Satanocracia, la destrucción del Viejo Orden Cristiano se divide en dos bloques, cuyo desarrollo está encabezado con subtítulos que marcan un orden cronológico en función de ciertos capítulos históricos partiendo desde el Renacimiento, catalogado como algo tan positivo como contrario en comparación con la Edad Media, dando pie a la estigmatización y a la deificación del Hombre. La introducción del libro expone el causante principal de esta labor de difusión y normalización satánica: las agencias de noticias -y derivados- cuya línea de desinformación y censura tienen como objetivo generar la confusión entre sus receptores, así como la incapacidad de distinguir entre lo real y lo falso. De esta forma, cuestiones más profundas como el núcleo de un evento, curso o el significado exacto de la palabra o imagen, quedarían ensombrecidas en un plano de maleable ignorancia.

Yendo más allá con referencias a explícitos discursos como los de John Fitzgerald Kennedy, David Rockefeller, Franklin D. Roosevelt o la mención a El imperio de la ficción de Pedro Bustamante, el autor mantiene que los medios de comunicación son el ápice de una macro industria al servicio de un público selecto que trabaja para instituciones, lobbies, think tanks o factorías del pensamiento que a su vez estarían por y para una tendencia mucho más profunda.

“Nuestra triple perspectiva de estudio (histórica-política-teológica) tan sólo aspira a reunificar las piezas dispersadas de un puzle desparramado por la violencia sinárquica (…) su dinámica devastadora no va dirigida por un ente concreto y visible, sino por una enredadera de dispositivos solapados al servicio de la Satanocracia supranacional”

(Página 22)

De esta forma, la primera parte del libro posicionaría en el centro a la Filosofía, señalizando a pensadores clásicos como Erasmo: “[Erasmo] que tanto sabía de todo, de lo divino y lo humano, tan sólo se limitó con sus controversias a atizar los leños ardientes de la herejía, desencadenando un debate doctrinal cuyas consecuencias ni él mismo hubiera podido imaginar. Luego lo lamentó, y mucho” (páginas 39 y 40) quien habría respondido desde su discurso “al violento hereje” Lutero (página 40), fracasando estrepitosamente. Las páginas siguientes continúan desgranando las corrientes filosóficas con la intención de profundizar más allá de ambos humanistas, dedicando otro capítulo a la influencia de Lutero y sus pasos. El Progreso verbalizaría la “filosofía ilustrada, masónica y progresista al tiempo” (página 56).

La pieza clave que el autor otorgaría en esta parte es la importancia del papel que la Razón adquirió entonces, algo ejemplificado con el Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano que caracterizaría “una ciega confianza en el progreso científico” (página 57).

“Como consecuencia de esta radicalización, las ciencias sociales y morales tendrían que adoptar el método de las ciencias naturales (positivismos), para así perfeccionar las instituciones sociales. Surgiría la utopía materialista atea de Condorcet, consumada en una sociedad de presuntos hombres libres sin otro amo que La Razón”.

(Página 57)

Paralelamente, se encontraría alimentada por el Renacimiento científico y el resto de cambios que se generaron sincrónicamente en la Literatura, las Bellas Artes e incluso en el resto de países.

España no iba a ser menos: por lo que podemos leer, los intentos de un proyecto tan criminal como relata el libro se frustraron en el país durante el acontecimiento de la Guerra Civil. Aun con todo, el “escenario patrio” en sí sería “roturado y triturado por medio de la guerra psicológica contra la población civil, amén del ataque y quema recurrente de iglesias y conventos, con especial violencia en la tanda de 1934, con el golpe de Estado de la izquierda” (página 64).

Tal profanación al cristianismo se ha multiplicado con más fuerza en todas las fronteras europeas, algo a lo que el señor Bielsa dedica un subapartado bajo el nombre de Europa: la Capilla profanada (página 124) aludiendo también a la masificación de voluntades propicia de “jóvenes y no tan jóvenes” (página 126) que habrían abandonado sus principios a merced del consumo egoísta y placeres efímeros que caracterizan tal Satanocracia. Un punto histórico para simbolizar “el último agarradero sólido que le quedaba a la Iglesia Católica Romana” es, ni más ni menos, la España del General Franco (Página 92).

Esto es algo que desarrolla la segunda parte del libro tras haber analizado otro de los factores de programación propagandística: la docencia, principal líder de la conformación del hombre-masa (página 82). Términos como “democratización del talento” (página 84), “hipersexualización de la infancia”, la “educación mixta”, “seudo-feminización” (página 86) y “Agenda LGTB” (página 87) son subrayados desde la repercusión y eficacia que una operación tan consensuada como la que nace desde altas corporaciones y logias puede desarrollar [Revoluciones (masónica) francesa (1789-1799) y bolchevique (1917-1923) – (Página 53)]

“Observamos estremecidos cómo las más tiernas cabezas, tan maleables, han normalizado la deriva nihilista dentro de sí”.

(Página 83)

Adornada con una frase introductoria muy esclarecedora (“Nadie entrará al Nuevo Orden Mundial, a menos que él o ella hagan una promesa de rendir culto a Lucifer” – David Spangler, página 97) y avanzando en el tiempo, el siglo XXI habría continuado incrementando la voz de las Tinieblas. Tras realizar un examen a los conceptos satanismo y luciferismo (página 98), don José Antonio dedica los capítulos finales a marcar los progresos de la Satanocracia, así como su normalización y conquista a lo largo y ancho del territorio español por medio de la estética, la ideología y los ritos (páginas 103, 104 y 105), no pasando desapercibido el testimonio de Mel Gibson (página 116) que trataría al detalle su experiencia en primera persona en Hollywood (bosque de acebos, página 117), además de hacernos recordar –como consta en la introducción de este trabajo literario- los recursos que la prensa tiene para desestimar una información, silenciándola, tergiversándola o directamente catalogándola de falacia/fakenews.

Los capítulos posteriores verbalizan cómo el sistema actual silencia el nombre de Jesús y la Tradición pero no el consumismo, alimentando de esta manera la falsa idea de qué es progreso y qué no (Los sin Dios, página 128), dedicando unas líneas a los términos Apocalipsis (página 119) y Anticristo (página 146). Sin preámbulos nos zambullimos en el subapartado final que directamente expone al Gobierno de la Bestia que tan insistentemente se ha vaticinado desde las Sagradas Escrituras y desde la boca de numerosos Sabios (página 142). La teoría que desde un espíritu incisivo se ha expuesto en párrafos anteriores, eclipsa con los cuantiosos ejemplos que el autor brinda desde las corporaciones (Atresmedia, Fundación Rockefeller, Unicef etc) hasta los linajes principales que guardarían un poder más discreto que secreto  (Onassis, Rockefeller, Marlborough etc, páginas 143 y 144).

Un aparente sinfín de armas de esencia viperina que devoran poco a poco al hombre de a pie, incitándolo a dejarse someter por su esencia más primitiva:

“El hombre, cada día menos religioso, cada día menos hombre, se aproxima a paso de gigante a la caverna del simio. Y el simio emerge, a cada bostezo de alma que abdica, con lubricidad simiesca renovada. Sí: un simio late dentro de cada hombre posmoderno. En lo más profundo de su corazón, el hombre moderno alberga a ese simio retozante que reclama sus derechos bestiales: desenfreno, lujuria y avasallamiento. Y esto, ¿a dónde conduce? A una Caída, a la más terrible de las caídas: he aquí el consabido e irrepresentable Gobierno de la Bestia, tramo final del Nuevo Orden”.

(Página 147)

El señor Bielsa pule el final de su trabajo con una conclusión tan esperanzadora como sólo un cristiano de corazón es capaz de vislumbrar: “La victoria final… será. El bien, que es ilimitado, vencerá al mal, limitado; lógica aplastante e implacable” (página 149).

Podríamos catalogar Satanocracia: la destrucción del Viejo Orden Cristiano como un libro crudo y recto que se acerca a sus lectores desde una perspectiva franca. La dureza de su información despliega las bondades que sólo una exhaustiva documentación puede ofrecer, la cual, a su vez, se mantiene ligera de principio a fin gracias a la ausencia de adornos y otros remilgos pragmáticos corteses. Guiando al lector por un camino sólido y previamente marcado con subapartados breves, el libro del señor Bielsa estaría destinado a un público ya conocedor de un mínimo de vías y aspectos alternativos. Los datos compartidos a cada hoja supondrían una sobrecarga para el interesado primerizo, quien pese a contar con referencias bibliográficas y anotaciones a pie de página podría sentir un choque de realidades y verse abrumado entre lo auténtico y ficticio, cayendo incluso en un halo de negatividad pese al atisbo de luz que el señor Bielsa recalca en la conclusión.

Por otro lado, esa referencia a la programación civil por medio de los medios de comunicación (introducción, página 15) sirve como un recordatorio ante cómo nuestros canales informativos son presa de una feroz industria. A su vez, traza una forma circular para con el capítulo final, más centrado en la era actual y en la influencia del consumismo y desinterés presente, sobre todo, en el terreno cibernético. ¿Qué ha sido de nosotros? ¿Por qué hemos llegado a este punto y con qué se nos ataca? La unión hace la fuerza y así se han organizado las unidades sistemáticas para quebrar la humanidad que caracterizaría a una sociedad, sin olvidar a España.

Un libro muy recomendable, prácticamente imprescindible, para todo aquel que desee ampliar sus conocimientos sobre este desalmado mundo.