minientrada Un chip bajo la piel: transhumanismo y 5G para la experimentación humana

No es la primera vez que mencionamos el transhumanismo en It-Magazine. Ya en octubre hablábamos del reconocimiento facial y de cómo era rechazado por gran parte de la población; incluso se viralizaron unas pautas para burlar los métodos que tenían las cámaras y otros dispositivos, además de lo peligroso que podía ser aceptar llevar un chip bajo la piel.

Con la llegada del 5G, muchos usuarios de Internet difunden en Redes las ventajas e inconvenientes que la nueva escala evolutiva cibernética traerá a la humanidad; lamentablemente, parecen ser más graves las desventajas que los beneficios según se denuncia en este programa: tecnología militar orientada a la destrucción, firmas de cientos de científicos que resaltan su toxicidad, destrucción de árboles para no obstaculizar las ondas electromagnéticas, vigilancia extrema, vulnerabilidad ante el terrorismo cibernético, la falta de confianza dado a que parece preferirse grandes sumas de dinero antes que la seguridad ciudadana…

Sin embargo, pese a que la tecnología aún tiene sus puntos débiles, los microchips comienzan a dar sus primeros pasos en la sociedad, gozando de cierta aceptación. Los bancos, por ejemplo, son los primeros interesados en añadir chip a las tarjetas, siempre argumentando que es para nuestra comodidad. De aquí a una década, según expertos, el dinero físico desaparecerá, trayendo un nuevo paso evolutivo.


Experimentación voluntaria: chip bajo la piel

Rainer Bock, empleado de la empresa Kaspersky, se ha ofrecido voluntario para integrar un chip bajo la piel, con el objetivo de interactuar con todo aquello que esté interconectado. Esta acción le convierte automáticamente en un ‘cyborg’, algo que muchos transhumanistas persiguen hasta poder conseguir ser información en una nube; pues recordemos que la meta de dicho colectivo se basa en desalojar el cuerpo físico. Dangerous Things, el mayor proveedor de implantes NFC, considera que hay unos 10.000 ‘cyborgs’ en el mundo.

Un chip subcutáneo dejará de ser una quimera.
Un chip subcutáneo será algo más que una quimera

Gracias a este chip, el señor Bock puede tuitear rápidamente, encender o apagar las luces de su casa y olvidarse de llevar tarjetas para entrar al trabajo o al gimnasio. Tampoco necesita un código de seguridad para acceder a su teléfono: ese chip se encargará de todo y, con el futuro, también permitirá la compraventa.

Sin embargo, Rainer, lejos de querer ser un ‘cyborg’ moderno, busca facilidades: las mismas que, próximamente, serán una necesidad para nosotros.


Poderes sobrenaturales y nuevas funciones: el chip será obligatorio por ley

Ya la Ciencia apostaba por hacer posible la telepatía mediante la ayuda de un chip que permitiera recibir señales y leer los pensamientos, como explicamos hace unas semanas en It-Magazine. Siendo así un proyecto propio de la progresión natural, en EEUU ya se ha planteado crear la necesidad de tener un microchip.

Obama habría aprobado hasta dos leyes (HR 3590 y la 4872) en la cual se exige que los ciudadanos tengan el RIFD implantado (Radio Frequency IDentification, en español identificación por radiofrecuencia).  Dichas leyes, apoyadas por el Congreso, indicaría que portar ese chip sería un deber de los ciudadanos como medida de precaución según se argumenta, en el que se incluirá toda la información personal de quien lo porta como si se tratara de un banco de datos (facilitando su fecha de nacimiento, tipo de sangre, estado civil, domicilio, enfermedades que padece y datos bancarios). De esta forma, para ser atendido en un hospital, el requisito mínimo será llevar ese chip implantado para realizar una correcta identificación personal y verificar el seguro social e historial médico: será un pequeño paso para que se naturalice la implantación subcutánea de agentes tecnológicos.

Esto, junto con las nuevas generaciones seducidas por el transhumanismo, permitirá fundirnos con el ámbito cibernético, sin obviar sus correspondientes ventajas y desventajas.