La epidemia de las apuestas devora a nuestros jóvenes

Y siguen creciendo los casinos. En 2017 se dio la voz de alarma de la creciente popularidad que adquirían los juegos de azar, hasta el punto de que AUTOCONTROL (la Asociación para la Autorregulación de la Comunicación Comercial) multó el anuncio de 888 protagonizado por Carlos Sobera con motivo de imperante agresividad: más que un spot publicitario parecía un mensaje público que nos obligaba a apostar.

Si echamos la vista atrás con los ojos del presente, nos daremos cuenta de que nuestra percepción sobre el Juego ha cambiado considerablemente. De ser algo propio de un local que, por ley, debía alejarse del corazón urbano y relegarse de las zonas de ocio convencionales, ahora es justamente el enfoque contrario: las apuestas se han convertido en algo divertido y natural, e incluso casi necesario para conseguir dinero rápido y así solventar nuestras carencias económicas -dada a la situación actual que engloba al país-.

España comenzó a recibir las casas de apuestas cuando éstas contaban con un modelo de funcionamiento online. De esta forma, las marcas que habían conseguido una licencia gracias al desarrollo de su país, propagaron el juego de azar en el resto de países de la Unión Europea.

Asentadas firmemente en su país de origen, el Juego fue ganando terreno gracias al área digital y expandió su negocio por toda la Península, adquiriendo consistencia gracias a -principalmente- los aficionados a los deportes, concretamente al fútbol.

Este artículo no pretende afirmar que todas las casas de apuestas (o el sector de los juegos de azar) cometen siempre ilegalidades: hay recintos en regla que llevan un  riguroso control sobre quién debe y quién no acceder a esos sitios.

Pese a esto, lamentablemente no es suficiente. La ludopatía crece y, los jóvenes a los que hacemos alusión son gente –en su ferviente mayoría- con un futuro prometedor e ilusiones. Asimismo, esta delicada línea que roza el límite de la mayoría de edad, se ha roto: encontramos documentados casos de niños de hasta 14 años apostando en carreras de galgos, partidos de fútbol y juegos online.

Ya en El Mundo, periodistas como Irene Hernández se hicieron eco de la gran sorpresa que supuso para las asociaciones de ayuda a ludópatas que la creciente ola de afectados incluyese a menores, hasta el punto de que en 2016 eran la aplastante mayoría.

En el gran número de casos, la primera vez que los afectados comenzaban a dar sus primeros pasos en el terreno del azar podían entrar sin problemas en los locales, puesto que no les pedían el DNI. Sin embargo, sí lo requerían para jugar, por lo que siempre iban acompañados de un joven de más de 18 años para que apostase en nombre de todos.

De esta forma, lo que era un juego y un modo de sentir la adrenalina correr por las venas, se convirtió en el comienzo de una pesadilla. Uno de los jóvenes menores de edad contó a prensa que cuando ganó 120 euros gracias a una apuesta, empezó a creer que había hecho un gran descubrimiento para ganar dinero fácilmente.

“La ley impide a los menores apostar y, para cerciorarse de ello, las casas de apuestas están obligadas a solicitar el DNI a los jugadores. Sin embargo, la legislación se incumple con frecuencia. Yo he apostado siendo menor en varios sitios sin ningún problema”, explica el joven. “Además, lo que suelen hacer otros chavales es jugar todos con el número que le dan a un mayor de edad, un número pin que te permite apostar desde las máquinas de los locales”.

Debate políticamente incorrecto

Lo que más incendió las Redes Sociales cuando estallaron las manifestaciones contra las casas de apuestas en España, fue un polémico debate que giraba en torno al cuidado de nuestros jóvenes: ayudarles a evitar caer en la ludopatía impidiendo la construcción de más locales en ciertas zonas, o dejarles libres a su suerte y que ellos mismos decidiesen de si hacer o no uso de ellos. Incluso se comparó esta situación con la llegada de la heroína en los años 80 a España, insinuando que esa droga ayudó a “purgar” la población, considerando a los fallecidos por sobredosis un “sector débil” por “caer en la tentación”.

La vida no es fácil; nos encontramos rodeados de constante peligro y ciertos caminos que si no se toman con precaución y mesura, pueden ser fatales para nuestro futuro. Las nuevas generaciones no tienen ninguna necesidad de crecer rodeadas de gritos, dinero que va y viene, luces de neón y efectos de sonido que simulen una victoria o monedas tintineantes, con sus consiguientes complementos: drogas, alcohol y prostitución. Por otro lado, nuestra sociedad alimenta desde el principio de los tiempos un estrambótico ritmo de vida, buscando el placer inmediato y siempre obviando las responsabilidades, la autocrítica o las consecuencias que acarrean nuestras acciones a corto o largo plazo: sólo tiene cabida la ley del mínimo esfuerzo.  Cada caso es un mundo, y desde luego con este artículo no pretendemos juzgar a las víctimas de ludopatía: eso ya cae en gracia de la libertad de expresión.

Fomentando las apuestas desde la más tierna infancia

Los tiempos cambian, y gracias al avance de la tecnología somos bombardeados –para bien o para mal- con un sinfín de información. Bien sea residual o de actualidad, la Comunicación guarda un amplio abanico de audiencia totalmente variada y de cualquier edad. De poco o nada sirve el conocido horario infantil de televisión cuando nuestros pequeños empiezan a dar sus primeros pasos con una tablet o móvil: el control parental es absurdo.

La radio –eso que encendemos muchas veces de camino al colegio cuando vamos en el coche, o que suena en el bus- destaca los anuncios de casas de apuestas mediante las cuñas publicitarias. En los vídeos de Internet también hay spots para comprar un boleto de lotería o de Navidad, sin importar que haya que interrumpir lo que sea que el niño esté viendo: dibujos animados, un tutorial de maquillaje o un vídeo explicativo de matemáticas para sus deberes.

Por si eso no fuera suficiente, en un partido de fútbol (considerado un evento para todos los públicos y por ende, emitido en horario infantil) podemos ver hasta 6 anuncios de casas de apuestas: uno cada 15 minutos. De esta forma, las apuestas deportivas se han convertido en un entretenimiento de masas.

El Juego dejó de ser algo “carente de regulación” y “clandestino” para convertirse en una alternativa cotidiana al ocio, sobre todo en el mundo online: la competencia ha provocado que las Casas de apuestas busquen métodos alejados de lo presencial, de lo físico, ampliando sus servicios a algo más que ir a un local a jugar. Y que desarrollen nuevas tácticas de marketing: actualmente siempre está protagonizado por referentes sociales. Desde futbolistas hasta presentadores de televisión, o personajes del corazón, representado como una característica más del lujo, de la vida llena de poder y del triunfo.

De esta forma el anuncio es un doble reclamo: algo que da cierto caché (consideran que quien juega es porque tiene conocimientos de estadística, estrategia y lógica) y puede ayudarnos a llevar la vida soñada. Pero como dice –muy acertadamente- el refrán: “la banca siempre gana”, y esta imagen del dinero rápido y elegante no es más que humo, un humo oscuro y sombrío que corrompe la vida de los más jóvenes y de quienes viven a su alrededor.

Casas de apuestas en barrios humildes

En los últimos cinco años los locales han crecido un 300% en Madrid. Silvia González, responsable del Grupo de Trabajo sobre Casas de Juego y Apuestas dice lo siguiente: “No tenemos cifras exactas de las casas de apuestas presenciales porque en sus datos, el Ayuntamiento de Madrid, agrega a la administración de lotería. Pero sí hemos visto el crecimiento de estos locales en nuestros barrios. Los distritos que más se quejan son Tetuán, Latina, Usera y Puente de Vallecas. En los últimos cinco años los locales han crecido un 300% en la región”.

Arroyo, de Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata, apunta que parte de las Casas de apuestas están frente a colegios. Hay calles de 80 metros donde pueden verse hasta cuatro salas.

Pasear por el resto de España ofrece idéntico resultado. Aumento de casas de apuestas deportivas en Sevilla, tras cambios normativos favorables; o Extremadura, donde ya se han tenido que exigir limitaciones (las cuales aún no se han implementado).

Por ejemplo: no existe una distancia mínima por ley que impida a las casas de juego instalarse junto a los centros educativos. Eso es: la ley del Juego en Extremadura, que data del año 1998 (cuando la epidemia de las apuestas no existía) recoge en el artículo 3.8 que no pueden otorgarse autorizaciones a los establecimientos de juego en la zona de influencia de centros de enseñanza. No especifica de cuántos metros se trata, de modo que esa zona de influencia resulta un concepto abstracto.

En el caso de Murcia, los ciudadanos llevan rebelándose desde principios de año. Los miembros del ‘Proyecto Adictlescentes’ tienen el objetivo de alertar sobre los riesgos a los que están expuestas “personas cercanas a nosotros, menores de edad incluidos”, según afirma Pura Rodríguez Campaña, estudiante de 2º de Bachillerato y portavoz del colectivo. Víctor Peñalver, periodista de El Diario, cuenta que en Murcia resulta fácil atisbar el auge del sector del juego, tanto que, según los datos publicados por ANESAR (Asociación Nacional de Empresarios de Salones de España), la Región es, con 22’10 salones por cada 100.000 murcianos, la primera comunidad con más Casas de apuestas por habitante de España. Por detrás de Murcia se encuentran Valencia, con 6’76 salones por cada 100.000/hab. o Madrid, con 5’92 locales de media.

Su lema, #QueremosCrecerSanosyLibres va acompañado de un elaborado manifiesto dirigido a los famosos que protagonizan los anuncios de estos casinos: “Pedimos que paréis. Que seáis conscientes del peligro al que nos estáis poniendo. ¿No os da vergüenza?” subraya.

Asimismo, este mes de octubre se viralizó nuevamente otra manifestación contra la proliferación de las Casas de apuestas. Carteles como “ellos se lucran, la clase obrera se arruina” apoyan las declaraciones de los responsables de la movilización, quienes afirman que en las zonas con menos renta son las que existen más casas de apuestas. En concreto, han explicado que en Vallecas, “uno de los barrios más pobres”, se han llegado a abrir 50 locales. “La gente con bajos recursos apuestan creyendo que van a ganar dinero fácil y cuando se dan cuenta tienen una adicción”, ha indicado uno de los asistentes.

Por si fuera poco, algunos de los manifestantes han querido remarcar que pese a que en la Comunidad de Madrid existe la prohibición de entrada a este tipo de locales, no siempre se respeta. “No tenemos bastante con la droga, que nos meten en el juego. Ya está bien”, ha destacado una vecina. Insisten, también, en que el auge de este tipo de locales hace que la ludopatía se desarrolle más rápido. Por ello defienden que no quieren “ningún tipo de regulación” sino la “prohibición total”, dado que para ellos “no son una alternativa de ocio sino de negocio”.

Y en parte podríamos pensar que así es: los empresarios son quienes defienden fervientemente esta actividad. Han reclamado a la Comunidad de Madrid “medidas planificadoras” y que se regule la distancia entre salones y casas de apuestas de manera “ordenada y coherente”. Además, han defendido que no buscan zonas desfavorecidas para su establecimiento, aunque sí reconocen que dada “la propia idiosincracia de este tipo de negocio” estos locales se establecen en lugares “de mucho tránsito, mucha visibilidad, fácil acceso y alquiler sostenible”.

El 6 de octubre, el Consejo Empresarial del Juego (CEJUEGO) emitió un comunicado en el que recordaba que las casas de apuestas se trataban de “una actividad legal, regulada, integrada y normalizada plenamente en la sociedad española como parte de su actividad de ocio y entretenimiento que cumple escrupulosamente la legalidad”.

Sólo el tiempo dirá si realmente se conseguirá parar esta epidemia de ludopatía antes de que sea demasiado tarde. La situación ha llegado a tal extremo que toda acción es poca para proteger a las futuras generaciones. Lo que antes era tabú, ahora es algo rutinario, y muy pronto, quizá, una necesidad que empuje a los más jóvenes a hacerlo parte de su vida.