La Autoridad Europea en Seguridad Alimentaria (EFSA) constituyó en 2010 una red de intercambio de información sobre riesgos emergentes en la seguridad de los alimentos. Esta red se denomina Emerging Risks Exchange Network (EREN). Pero en ocasiones se pone el foco en alimentos naturales que consumidos en exceso sí, pueden causar daños, pero poco comparables a los de los “nuevos alimentos”. ¿Qué riesgos enfrentamos al alimentarnos? 

Entre las señales potenciales identificadas se encuentran las que se refieren a los contaminantes químicos y los peligros biológicos, pero también las referidas a cuestiones de seguridad alimentaria como resultado de actividades ilegales, a las biotoxinas, a las nuevas tendencias de consumo, al uso de nuevas tecnologías y procesos, a la biología sintética y los nanomateriales, a la resistencia antimicrobiana, a la contaminación ambiental, las mezclas químicas, la sanidad animal y las metodologías de evaluación de riesgo y peligros desconocidos.

Uno de estos riesgos, en este caso poco emergente pues lleva años en la agenda pública, es el avance de las denominadas “superbacterias”, bacterias resistentes a los medicamentos antibióticos convencionales, que están socavando cada vez más la efectividad de esos tratamientos contra infecciones que saltan de animales a personas por los alimentos. Algunas de estas resistencias son tan altas que convierten a ciertos medicamentos en “inútiles”.

Las citadas biotoxinas son sustancias tóxicas acumuladas en los organismos marinos, principalmente por ingestión de fitoplancton, es decir, algas microscópicas capaces de producir dichas toxinas.

Los moluscos marinos son susceptibles de acumular biotoxinas y de ser consumidos por el ser humano.

Los episodios tóxicos que constituyen en nuestro ámbito geográfico un problema de salud pública se producen como incremento significativo de la concentración de una población de alguna de las especies tóxicas en las aguas marinas, de tal manera que se origine una acumulación de biotoxinas en los organismos marinos o exista una alta probabilidad de que ésta se produzca.

Entre esos peligros también está, como vemos, la denominada biología sintética y los nanomateriales. Ya no basta con desnaturalizar los alimentos como la especulación con los mismos ha hecho y se ha traducido en la comida ultraprocesada, sino que lo sintético puede hacerse “natural”.

Las modas tecnológicas se presentan como buenas sin discusión para todo el planeta. La “biología sintética”, a diferencia de la biología convencional, la de toda la vida, no se basa en el estudio de los seres vivos, sino que posee como objetivo el diseño de sistemas biológicos o productos que no existen en la naturaleza. Un ejemplo de todo esto es lo que he contado sobre la hamburguesa sin carne y “de laboratorio” cuya inocuidad no está garantizada.

Lo de los nanomateriales también tiene miga. Hay aditivos que se usan en los alimentos como nanopartículas, una partícula microscópica con una longitud menor de 100 nanómetros (nm) que es la milmillonésima parte del metro. Hay casos en los que no es obligatorio su etiquetado como “nanomaterial” pues no constan de más del 50 % de nanopartículas (en general tiene entre 10 % y 40 %).

Un ejemplo de aditivo alimentario en el punto de mira es el E171, dióxido de titanio. Se usa como blanqueador en las pastas dentífricas, las galletas o los chicles y también se utiliza en cosméticos o en protectores solares. En Francia lo investigaba el Instituto Nacional de Investigación Agronómica (INRA) y los primeros resultados de sus análisis concluían que puede ser cancerígeno en ratas.

Por todo esto se creó la red de intercambio de información EREN, con el objetivo de anticiparse y desarrollar políticas preventivas que ayuden a identificar posibles peligros asociados a los alimentos, también conocidas como riesgos emergentes y prevenir la aparición de futuras crisis alimentarias.

Desde este punto de vista me ha llamado la atención una nota de prensa que me ha llegado esta mañana: OCU advierte que consumir en exceso algunos alimentos de moda puede ser perjudicial para la salud.

La organización de consumidores se refiere a que productos como el zumo de aloe, los suplementos de té verde, las algas, el shiitake o las mal llamadas bebidas “détox” están bajo investigación y que, en exceso, pueden causar daños.

En exceso, claro, todo puede ser dañino. El agua es fundamental para nuestra salud, no podemos vivir son ellas tras varios días sin su ingesta pero en exceso también puede matarte.

En Francia se han notificado un número creciente de casos de dermatitis tras el consumo de la seta shiitake cruda poco cocinada. En poblaciones donde las algas no forman parte de la dieta tradicional, un consumo habitual de este alimento podría dar lugar a una intoxicación al superarse las dosis recomendadas de yodo.

El consumo de infusiones de té verde o de bebidas elaboradas a partir de esa planta no supone ningún peligro. Sin embargo, sí podría haberlo en los extractos muy concentrados de té verde que venden en forma de suplementos con supuestas propiedades antioxidantes, ya que una dosis de catequinas por encima de los 800 mg diarios se asocia a daños hepáticos.

 

f:aquí!!

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