Gramsci decía que en los claroscuros entre eras nacían los monstruos. Llevaba razón.

Hace siete años unos grupos rebeldes encabezaron un golpe de Estado que no tumbó al gobierno de Bashar al Assad, como sí hicieron sus análogos con Gaddafi.

Casualidades inexplicables acontecidas durante uno de los momentos de mayor tranquilidad en Oriente Medio que provocaron nuevas “primaveras“ o revoluciones de colores en los principales Estados no alienados y sustancialmente más modernos, tolerantes y ricos. Por motivos que no llegamos a comprender la vanguardia revolucionaria implanta la Sharia allí donde se impone por la fuerza con el apoyo de los gobiernos de Francia, Israel, EE.UU, Turquía, Arabia Saudí entre otros pertenecientes a la OTAN. A estos grupos los hemos llamado de diferentes maneras: Daesh, al Nusra, FSA, Jaysh al Islam o los propios White Helmets.

 

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