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La narrativa transmedia sigue siendo literatura

Posted by MundoViperino en 7 octubre, 2017

 

Escrito por: Alba Lobera

Hay muchas formas de escribir una historia, sea o no verdadera. En un cuaderno de notas, con un bolígrafo de colores, en un humilde portátil con un nuevo tipo de fuente, o en un montón de papeles camino a la imprenta.

La imprenta ha pasado por una serie de momentos que la han hecho evolucionar, algo lógico en el mundo de la tecnología, la cual o se renueva o muere. Porque, aunque a día de hoy pueda parecer una exageración afirmar que la imprenta fue algo tecnológico, hay que tener en cuenta que se instauró en Occidente allá en el siglo XV (hay indicios que exponen que el primer sistema se hizo en China por el siglo XI), donde la idea de realizar libros sin copiar a mano, era algo revolucionario.

El libro siempre ha sido un formato sólido, una materia que ocupa un espacio físico y, por ende, cuenta con unas medidas y un peso. Cuanto más viajemos al pasado, más grande y pesado será ese objeto, hasta que, años después, empezaron a darse a conocer las versiones de bolsillo, las reediciones mejoradas (resumidas y corregidas) y… ¡Tachán! Siglos XX y XXI: los libros electrónicos.

La escritura digital es un nivel más del eslabón de la literatura #transmedialit @TRICLab #micronarrativas #factorR

 

Fue en 1993 cuando Digital Book lanza a la venta los primeros 50 libros digitales en disquete en Colombia, en formato digital (DBF). Apareció, en ese mismo año, un proyecto de libros digitales gratuitos en Internet (Bibliobytes).

Vemos que los nombres ya hacen mención al terreno informático (Bibliobytes y Digital), y, lo que es mejor aún, promete una gratuidad. ¡Lectura gratis! ¿Cuándo pudo verse eso? Desde luego en la época de la aparición de la imprenta no, ni años después, cuando los escritores recibían, normalmente, un pago precario por sus magnas obras.

Así fue como, con el transcurso de los siglos, un libro que podía costar (según el bolsillo del ciudadano) una pequeña fortuna, ahora es gratis y puede encontrarse en varios formatos digitales para la compatibilidad de cualquier dispositivo tecnológico, ocupando unos pequeños megabytes en la red cibernética. Cuando antes los cafés eran el punto de encuentro de muchos literarios que, o bien debatían o bien se insultaban recitando en vivo sonetos despectivos, ahora son un sitio donde muchos escritores acuden con su portátil y ganas de una buena taza de café caliente para poder desatar su imaginación sobre un montón de códigos HTML.

La escritura estaba destinada a gente refinada, que debido a su posición económica, había podido acceder a una educación que le permitiese, ya no sólo tener la capacidad de comprender qué decían ciertas palabras, sino poder enriquecer sus recursos estilísticos y causar una impresión concreta a cualquiera que lo leyese. Algo tan elitista como podía ser permitirse un pergamino y saber qué hacer con él, ahora es (afortunadamente), un hobby compartido por muchas personas, sean de la edad que sean, sin importar su formación literaria.

Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en cualquier foro de literatura. Páginas online donde cualquiera puede registrarse gratuitamente y que a golpe de click permite, ya no sólo exponer públicamente los escritos que se deseen, sino comentar los aportes de otras personas, y abrir conversaciones que enriquecen en mayor o menor medida el campo lingüístico de cada uno.

La literatura ha ido cambiando su lenguaje, temática a tratar y enfoque dependiendo de la época que ha vivido.

La literatura medieval (de carácter oral, y anónima, puesto que los autores daban por hecho que pertenecía a una colectividad) tomaba textos en latín o textos de tradición popular para usarlos de tema y recrearse en ellos. ¿Hoy en día es posible firmar de manera anónima? Sí, pero ¿por la misma razón que en la Época Medieval, porque se pensaba que pertenecía al público? ¿O acaso a un autor no le gusta que se reconozca lo que es suyo? ¿Y qué es eso de usar textos ajenos? ¿Podríamos coger trabajos de otras personas y ceñirlas a nuestro gusto sin haber informado antes a sus creadores, lucrándonos de ello?

¡En absoluto! ¡Impensable! ¡Denuncia, y con razón!

Si bien en su momento escritores como Goethe, quien consiguió causar una gran revolución con Las penas del joven Werther, cuyo protagonista se suicidó por amor (y muchos lectores le tomaron como ejemplo y se suicidaron vistiendo exactamente como el libro describía sus ropajes), ¿podemos llegar a pensar que, desde un olvidado rincón de Internet, otra persona puede hacer mella en su público? (Sin hacer apología a algo menos catastrófico).

Cada Soporte tiene su tiempo 

Grandes personalidades de Internet como AuronPlay utilizan los fanfics para ofrecer un entretenimiento diferente a su audiencia, leyendo (de forma ofensiva en muchas ocasiones) en voz alta las ideas expuestas por los autores (y dicho sea de paso, sus faltas ortográficas y la contraposición de ideas por las que se rige la historia), pero, ¿y si se escribiese algo capaz de mantener en vilo a miles de personas? ¿Y si transcurriese en directo, completamente gratis?

El mes de agosto quedó sacudido por la plataforma de Twitter, la cual albergaba un hilo de narrativa digital sobre un usuario que narraba sus (supuestas) vacaciones. Manuel Bartual empezaba con unas sencillas palabras: Ando de vacaciones desde hace un par de días, en un hotel cerca de la playa. Iba todo bien hasta que han comenzado a suceder cosas raras.

Y a partir de una sucesión de pequeños fragmentos de no más de 140 caracteres, este dibujante de cómics valenciano consiguió hipnotizar a todo aquel que guardase un mínimo interés en las letras, sin importar si quiera que hubiese un registro formal o no en Twitter. Una historia que saltó en los medios de periodismo digital, incluso la policía hizo una pequeña broma sobre el caso.

La escritura digital es un nivel más del eslabón de la literatura.

No hay mejor ejemplo para demostrar esto que el famoso hilo de Manuel Bartual, quien demuestra un brillante uso de la narrativa transmedia y un caso más de adaptación al medio.

La literatura es más pública que nunca, y en nuestra mano está hacer buen uso de ella, tanto para entretener como para transmitir conocimientos a cualquier parte del mundo.

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