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Libro del siglo XIX que parece predecir el ascenso de Trump, dispara una oleada de teorías absurdas

Posted by MundoViperino en 9 agosto, 2017

 

A estas alturas, quien más quien menos habrá notado que en la gran mayoría de medios alternativos (sospechoso que el 90% de ellos compartan discurso, ¿no?) se ha construido una aureola fictícia de heroísmo casi místico alrededor de la figura de Donald Trump. Pura ingeniería social, enfocada a determinados grupos de población.

Ahora, esta aureola adquiere una nueva capa de brillo con la noticia de una presunta novela olvidada del siglo XIX, que vendría a predecir el ascenso de Trump al poder y que de hecho, ha permitido a los personajes más frikis del mundo alternativo, crear la absurda teoría de que Trump tiene una máquina del tiempo.

Internet está inmerso en un auténtico frenesí después de que varios libros antiguos, escritos hace más de 100 años, nos hayan mostrado las aventuras de un niño llamado Barón Trump.

Ingersoll Lockwood, escritor y novelista estadounidense, escribió dos libros infantiles titulados “El maravilloso viaje subterráneo del barón Trump” y “El pequeño barón Trump y su maravilloso perro Bulgar”, así como un libro de carácter político titulado “El último presidente“.

 

 

Imagen original de la ilustración sobre el Barón Trump y al lado, foto del hijo de Trump, Barron.

 

Los títulos de libros y las conexiones con el presidente Donald Trump y su hijo Barron dan fruto a toda una colección de paralelismos espeluznantes.

En los libros para niños, se cuenta la historia de un aristocrático muchacho rico que vive en ‘Castle Trump’ y es guiado en su viaje a Rusia por un hombre llamado ‘Don’, considerado “el amo de todos los amos”.

La multitud de similitudes con la familia Trump que vive en los EEUU actuales y estos cuentos, ha disparado la imaginación de los teóricos de la conspiración de Internet, que teorizan incluso con que la familia Trump es capaz de viajar en el tiempo.

Como decíamos, en el segundo de los libros, el pequeño Baron Trump se embarca en un viaje subterráneo, para explorar la teoría de que la tierra no es sólida, sino que está habitada por personas que fueron perseguidas hasta bajo tierra por “terribles disturbios”.

 

El muchacho conoce esta teoría a través de un manuscrito que le dio su padre llamado “Mundo dentro de un Mundo”, que fue escrito por un célebre pensador y filósofo llamado Don Fum.

 

Antes de salir de Castle Trump hacia su maravilloso viaje subterráneo, el padre del Barón se refiere a Don como un “consejero seguro y fiel” y le recuerda el lema de los Trump – “el camino a la gloria está lleno de trampas y peligros”. El pequeño Barón va en busca del portal de acceso a ese “Mundo dentro del Mundo” con Don como su guía, y sus viajes lo llevan a los montes Urales en Rusia. Así que el pequeño Barón Trump y su perro son guiados por Don a Rusia.

Extraño paralelismo con los acontecimientos actuales.

 

Mientras que todo esto puede resultar fascinante a pesar de ser una coincidencia, es en el tercer libro de Lockwood donde presuntamente se encuentran las conexiones más curiosas.

“La Plataforma de Chicago asume, de hecho, la forma de una propaganda legendaria. Encarna una amenaza de desintegración y destrucción nacional”.

Esta cita, tomada del discurso público de Garret A. Hobart, en su aceptación de la nominación republicana el 10 de septiembre de 1896, también sirve como epígrafe de un libro también publicado en 1896 por Ingersoll Lockwood, Titulado “1900 o el Último Presidente”. Fue estampada por la Biblioteca del Congreso el 28 de septiembre, dos semanas después de que Hobart diera ese discurso.

 

La trama de la novela “El Último Presidente” se inicia en Nueva York el 3 de noviembre de 1896, con el anuncio de que el presidente electo de los Estados Unidos, que resulta ser un candidato inesperado (un outsider), un candidato que representaba al “hombre común”, y que promete liberar a las personas de las garras de los banqueros y “deshacer los malos negocios producidos tras años de unión impía entre cambistas y vendedores de trabajo humano y los creadores de leyes de la tierra”.

Es decir, en la novela se le presenta como un candidato anti-sistema.

La primera página describe una Nueva York en agitación por el anuncio, con policías montados gritando a lo largo de las calles:

“Quedáos en vuestras casas; Cerrar las puertas y atrancadlass. Todo el East Side vive disturbios. Grandes turbas se están organizando bajo la dirección de anarquistas y socialistas, y amenazan con saquear y despojar las casas de los ricos que los han estafado durante tantos años “.

A medida que los disturbios avanzan sobre Madison Square, el libro dice: “The Fifth Avenue Hotel será el primero en sentir la furia de la multitud. ¿Las tropas estarían a tiempo para salvarlo?”

Allí es donde se produjo curiosamente la “marcha de las mujeres” contra Trump.

Según Newsweek, la actual Trump Tower se encuentra exactamente donde estaba entonces el Hotel Fifth Avenue.

Hasta aquí, si damos credibilidad a la existencia de estos libros, todo podría entrar dentro del reino de las “casualidades aceptables”. El mundo está lleno de ellas y de extrañas sincronías, todo ello digno de estudio, probablemente en un campo aún por explorar, como es el de la relación entre la Física Cuántica y la mente humana.

Pero la cuestión es que todas estas coincidencias han disparado las teorías de la conspiración y la imaginación desbocada de muchos de los “estafadores alternativos”.

Algunos dicen que el hijo de Trump, Barron Trump, es en realidad Lockwood, quien viajó a través del tiempo para escribir sobre sus aventuras; Otros creen que Steve Bannon es un Barron Trump de 50 años y viajan juntos en el tiempo.

¿Y como justifican estos generadores de burradas sus absurdas teorías espacio-temporales?

Pues bien, aducen que John Trump, tío de Donald Trump, tuvo acceso a los papeles de Nikola Tesla, que según estos creadores de bulos, estaba investigando el viaje en el tiempo.


Bien, hemos empezado con una novela que guarda paralelismos relativos con la realidad actual y hemos acabado hablando de viajes en el tiempo de los Trump.

Llegados aquí, que nadie se engañe.

Que los presuntos “téoricos de la conspiración” que inundan las redes con sus bulos, se presenten con teorías cada vez más alucinantes, no es una casualidad.

Forma parte de un plan definido.

Como ya hemos dicho con anterioridad, algunos grupos con vínculos con altos poderes, están explorando durante estos últimos meses hasta dónde pueden llegar con sus mentiras y hasta dónde llega la credibilidad de parte de la población que les hace caso.

Están estudiando qué cantidad de gente puede llegar a creerse una determinada teoría, por absurda que sea y con que efectividad pueden llegar a convertir un bulo sin sentido en una teoría aceptada por muchos y qué efectos sociales pueden alcanzar con ello.

La premisa parece ser “vamos a ver hasta qué punto podemos hacerle creer a la chusma cualquier cosa”.

Lanzan el bulo, lo difunden en sus redes y calculan el porcentaje de gente que lo cree, así como la profundidad de su calado entre la población.

Y de hecho, la “audacia” de sus bulos, ha ido en aumento, como si estuvieran explorando los límites de la estupidez de sus seguidores, paso a paso: primero le hicieron creer a mucha gente que un millonario “propiedad” de Rothshild que vive en un ático forrado de oro, era el representante del hombre común y un anti-sistema.

Después atacaron con teorías sobre sótanos donde se violan y sacrifican niños.

La existencia de amplias redes de pedofília y satanismo vinculadas a personas poderosas está más que demostrada. Son una realidad.

Pero en este caso, decidieron explorar hasta dónde podían estirar el asunto y situaron esos lugares donde se abusa de niños, no en entornos remotos, sino en una concurrida pizzería céntrica de Washington, la ciudad más vigilada del planeta.

Y visto el éxito de las burradas que pueden llegar a hacerle creer a la gente, han decidido ir degenerando en sus manipulaciones, hasta llegar a conspiraciones sobre niños secuestrados para llevarlos a Marte como esclavos.

Después volvieron a potenciar los discursos de los fundamentalistas cristianos creacionistas más recalcitrantes, que defienden que la tierra solo tiene 6000 años de antigüedad y que toda nuestra historia ha sido manipulada para ocultarlo.

Y como culminación de esta exploración de la estupidez humana más supina, ahora también han reactivado el retorno al medioevo intelectual, a través de las teorías sobre la tierra plana.

De hecho, en este último caso, puesto que la teoría es tan ridícula, se han asegurado malintencionadamente, de que en gran parte haya sido difundida por personas de raza negra (entre ellos algún jugador de baloncesto), seguramente con el fin de “demostrar” que los negros son una raza inferior que roza la idiotez más absoluta.

Y en estas estamos: en estos momentos, se está explorando hasta dónde pueden llegar con sus manipulaciones y están tomando buena nota de ello, en lo que parece ser uno de los experimentos psicosociales más extensos que se han visto en Internet hasta ahora.

Hay buenos recursos invertidos en ello y sobre todo, hay el fértil terreno de la estupidez humana para arraigar sus infundios.

A priori podría parecer algo trágico que la humanidad haya llegado a este punto, pero si somos capaces de desdramatizar, veremos que lo que está desplegándose, nos ofrecerá momentos de gran diversión.

¡Que salgan los payasos!

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