Nuestro cerebro, que se encuentra en la parte superior de la cabeza, no es el único responsable de todo lo que pensamos. Y es que al parecer existe un “segundo cerebro” que es también altamente responsable de una miríada de emociones y sentimientos.
El segundo cerebro podría no ser, en el sentido más estricto, otro “cerebro”. Es más bien un “cerebro” que “radica” en nuestro estómago y nos ayuda a regular un número increíble de sentimientos y emociones, dice Vanessa Hill, a través de un video de YouTube  que se llama BrainCraft.
“Me voy con mi instinto en esto”, “Estoy teniendo una reacción visceral” o “Tuve una experiencia desgarradora”, son frases que se han convertido en una parte muy importante de nuestro lenguaje cotidiano. Es conocido que el sistema nervioso entérico -los billones de bacterias en el intestino- tiene muchísima más relación con el cerebro de lo que antes nos dimos cuenta.

Tenemos un montón de neuronas -las células nerviosas que forman la base de nuestros sistemas nerviosos central y periférico- en nuestra columna vertebral. Lo que es desconcertante es el hecho de que tenemos el mismo tipo de neuronas recubriendo el largo tracto de nuestro intestino. En términos simples, la compleja composición de nuestro intestino es inteligente y lo suficiente para “sugerirnos”  los alimentos que preferimos.
En esencia, el intestino es capaz de crear antojos intensos, explica Vanessa. Ahora tenemos la respuesta a por qué de repente tenemos un fuerte impulso de comer -por ejemplo- una hamburguesa con queso. Esto  de hecho demuestra que el intestino toma sus propias decisiones sin referirse antes al cerebro. Por otra parte, no son sólo las neuronas de nuestro estómago las que más o menos nos dicen qué hacer. Existe además  un  microcosmos interior que también ejerce su influencia.
Dependiendo de la edad que tenemos, donde vivimos y lo que comemos este micro-bioma, esta enorme colonia de bacterias que residen en nuestro organismo, puede comunicarse con el sistema nervioso central para controlarlo todo, desde la ansiedad que nos provoca una tarea en particular, hasta qué probabilidades tenemos de enfrentar positivamente cualquier actividad.
Y es que parece que nuestro sistema nervioso central está íntimamente conectado con el estómago y las víceras y, por lo tanto, estos órganos pueden “dirigir” nuestras opciones de alimentos y hábitos de consumo. Resulta que nuestros patrones involuntarios o preferencias hacia ciertos alimentos son influenciados por el intestino, y los científicos siempre han sospechado que estas regiones influyen también en otros aspectos de nuestras vidas.
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